
Voy a tomar la siguiente litografía como elemento para reforzar mi tesis del día y la noche. Quisiera resaltar el uso de la conjunción copulativa para unir los términos día y noche, no porque haya motivos lascivos en esta puntualización, sino por el hecho de que a efectos prácticos para la mayoría de mortales que estamos dentro de la dinámica semanal, ambos momentos nos marcan biorritmos opuestos. Uno actividad, el otro descanso. El uno claridad, el otro oscuridad. Por un lado esta una realidad sincera, y por el otro un escenario en el que actuar. Es por esto que, semánticamente, se ajustaría más a la realidad el que dijésemos “el día o la noche”.
M.C. Escher, que tenía pinta de ser un tío muy aburrido pero con mucha imaginación, quiso reflejar en este grabado lo que supuso su paso como estudiante por Haarlem. Ochenta y cinco años más tarde también pasó el estudiante Tirado por la misma Universidad. Ambos personajes pudieron descubrir y plasmar durante su estancia en la ciudad holandesa, y cada uno en el arte que dominaban, como para ellos la noche y el día se fundían dando paso a una metamorfosis en la que únicamente variaban los matices, permaneciendo inalterable la esencia de las cosas. De esta manera nos encontramos con que ambos periodos no se encuentran seccionados por diferencias en la conducta de cualquiera de nuestros protagonistas. Ambos periodos forman un bucle temporal y continuo que nunca debiera detenerse por capricho de la somnolencia, ni por el poder semántico de la “o”.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Reflexiones de media noche
en 15:03
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