Un@ no sabe bajo que circunstancia se encuentra para haber aterrizado a su lado en la cama, pero el hecho es que lo habéis conseguido. Ahí estáis los dos, tras coger dos palos y haber intentado toda la noche hacer fuego, os encontráis con un mechero y un bidón de gasolina. Como dos boxeadores, cada uno en su esquina esperando a que suene la campana para empezar vuestro combate. Piensas que aquello va a estallar y que tienes, por lo menos, 12 rounds por delante. Por todo lo que seguramente habrás pasado para encontraros en ese tan buscado momento, lo último que quisieras es cometer una torpeza con la que esfumar un desayuno, que a esas alturas de la noche te lo imaginas con diamantes. “No vayas muy deprisa, que no parezca que la ansia te puede. No vayas muy despacio; desde luego no quieres mostrar desidia.” Tu maquiavélica cabeza, no puede pensar esta bloqueada. Tu brazos responden. El primero se extiende hasta alcanzar un material plástico. Lo pulsas, la luz se apaga. El segundo se extiende hasta quién te acompaña, tomas su mano y, mientras suena la campana, susurras en su oído…
miércoles, 8 de octubre de 2008
"Touch Me"
en 14:46
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